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Qué nos dejó el temblor de 1985

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La mañana del 19 de septiembre de 1985 a las 7:17, en compañía de mi mamá y con 7 años, nos encontrábamos en la parada del camión esperando que llegara uno de esos enormes Dart de transporte público, que nos llevaría a la parada de mi escuela.

Ya estaba retrasada, el recorrido para bajar del pueblo a la orilla de la ciudad llevaba más de 30 minutos, y es que vivir en el campo, enfrente del Desierto de los Leones, tenía su costo, aunque se sabe que en esos lugares poco se sienten los temblores, pero ese día no fue el caso.

Como suele ser cuando se tiene prisa, el transporte no llegaba y a las 7:19 la tierra comenzó a sacudirse y con ella todo lo demás, era evidente que algo extraño sucedía, pero no se escuchó una alarma sísmica, -porque no existían-, y la gente se observaba desconcertada sin saber qué hacer.

Foto: internet

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Algunos más nerviosos que otros decían que estaba temblando, mi mamá me dio la mano y me dijo que estaba fuerte, tuve temor. Por primera vez, vi que las construcciones se balanceaban de lado a lado, pero lo impresionante era el poste de luz y sus cables qué se sacudían como cuerdas de saltar en acción, el movimiento parecía que no tener fin, provocando mareo y algunos aseguraban que era muy intenso, pero en ese momento nadie podía saberlo, como tampoco su duración y epicentro y mucho menos, sus consecuencias.

Espantados y sin la existencia de los celulares y sus benditas aplicaciones, algunos recurrían a la caseta telefónica, otros a sus casas, mientras que otros seguíamos con lo planeado. Las personas comentaba sus experiencias, llegó el transporte y en el trayecto por la carretera México-Toluca todo se veía “aparentemente” normal.

Finalmente llegamos a mi primaria ubicada frente a Chapultepec, se veían niños uniformados y con sus papás regresando, y es que no nos recibieron, la escuela había sufrido fuertes daños y las clases se suspendían hasta nuevo aviso. Tales fueron los daños que fueron meses de asistir a otras escuelas en lo que la repararon.

Ahí entendí que las cosas no estaban bien, a unas cuadras vivía mi abuelita que estaba muy espantada, había sentido se caía su casa y no sé que tanto más había visto en la televisión que no me dejaron verla. Mi mamá decía tenía que ir a su trabajo en la col. Roma, yo insistía en ir con ella pero se negó, poco tiempo tardó en regresar, no pudo llegar, no había transporte, no había teléfonos, era un hecho la ciudad estaba en caos e incomunicada, nosotras por lo pronto no teníamos noticias de mi papá, aquello apenas empezaba. Así cómo está mi historia, existen miles de historias de cómo vivimos ese temblor, muchas de ellas dramáticas y con un trágico fin.

Se cumplen 32 años de aquel devastador sismo del 19 de septiembre de 1985, con una intensidad de 8.1 grados de magnitud que duró dos minutos, y que acabó con la vida de miles de mexicanos y desquebrantó la forma de vivir de los capitalinos, aunque también nos unió como sociedad.

Ese sismo delató las debilidades de las reglamentaciones de construcción y la infuncionalidad de muchas instituciones y desde entonces se implementaron como obligatorios reglamentemos y normas de construcción, así como simulacros y protocolos para evacuación.

Hasta la fecha se desconoce el número total de víctima, hay estimaciones que rondan los 10 mil muertos, las zonas más afectadas fueron el Centro, Tlatelolco, Doctores, Roma y Obrera.

Foto: internet

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Hace unos días la Ciudad de México se enfrentó nuevamente con un sismo más fuerte que el del 85, reviviendo el terror de quienes lo vivieron pero en esta ocasión la historia fue otra, se demostró que las normas de construcción se habían elevado y cumplido, que existen una cultura sísmica que incluye la adecuada evacuación, la alarma sísmica, puntos seguros y que las autoridades estuvieron atentas y en comunicación con la sociedad, sin dejar de considerar a la tecnología, de la cual hicimos usos para comunicarnos e informar, aunque lamentablemente esto todavía no aplicó en todo el país y Oaxaca y Chiapas se enfrentan a está devastadora realidad.

 

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